El hombre niño, Felcho de Madryn.

Serendipia 15 de mayo de 2019 Por Federico Greslebin
Nació en una época en que la Discapacidad aún no era entendida, Felcho se integró a una sociedad creciente logrando sacar lo mejor de muchas personas, un maestro de la inocencia, un hijo de la ciudad, un ser que tal vez sea quien nos enseñó los principios básicos de la inclusión.

Siempre lo vas encontrar con una sonrisa, visitando los lugares que a él le resulta cómodo, saludando a las personas a su paso, un adulto con mirada de niño, tal vez un conocedor de almas. Según los datos que se saben de él hoy está por cumplir 79 años, pero siempre está igual porque a Felcho no le importa el tiempo, él siempre vive en presente.1503448390613
Un vecino de la ciudad, Nelson Francisco Dames logró conseguir mucha información sobre su vida, la cual describe la solidaridad, la inclusión y  el amor al prójimo sin caretas sociales, porque Felcho es la imagen viva de la libertad simple y tal vez en el fondo de nuestros corazones anhelamos esa libertad mental y espiritual de nuestro querido amigo.

"FELCHO"

Su verdadera historia.

Su nombre es Isidro Fernandez. Es el mayor de 9 hermanos. Nació el 22 de Agosto de 1940 en Trelew, por lo que a mayo de 2019 tiene 78 años de edad. Todos son hijos de Jorgelina Cabral y Andrés Fernandez. Su padre trabajaba de “puestero” en campos de la zona, habiendo sido sus “patrones (entre otros) “Tomasito” Lacunza, el “Negro” Luque y Julia De Paula de Beriain. Siendo muy pequeño su familia se trasladó desde Trelew a Madryn en donde nacieron sus ocho hermanos que de mayor a menor fueron Celina (fallecida), Domingo, Marcelino (fallecido), Antonio(fallecido), Cristina, José (falleció siendo bebé), Alberto José y Catalino (fallecido).
Siendo “Felcho” muy pequeño, se mudaron a Madryn radicandose en el asentamiento de la “Loma Blanca”, barrio que entonces estaba conformado por viviendas absolutamente precarias, sin ningún tipo de servicios al punto que la familia se calefaccionaba y cocinaba con leña, no poseían agua corriente en la vivienda y solo disponían del servicio sanitario de una letrina en el exterior de la morada familiar. (no había recursos económicos ni para querosene, ni para garrafas, ni para luz eléctrica).20992856_10214074906490390_170093314070015740_n
Debido a su oficio, Andrés Fernandez (el padre) pasaba poco tiempo cerca de su familia, en un contexto social que se deterioraba, debido a la precariedad económica y a problemas suscitados por el alcoholismo. Este panorama no ayudó para la contención de “Felcho” quién prefería (en un dejo de rebeldía, quizá) , trasladarse unos pasos para refugiarse en La vieja Terminal de Ómnibus, en donde pasaba buena parte de sus horas.
La familia mejoró sus condiciones de vida cuando recibieron del Estado una casa allí cerca, ubicada en Espora y Juan de la Piedra, en el antiguo Barrio de las 150 viviendas. Al fallecimiento de su madre en 1979 y el de su padre en 1982, tuvo el acompañamiento de sus hermanas Celina y Dominga , aunque ya para entonces su casa era su pueblo…y viceversa. Conocido por todos, ayudado por muchos, pero aislado en parte por sus limitaciones comunicacionales, supo llegar, uno a uno, a los que desde niños descubrimos en él a un personaje bueno, tierno, y por sobre todo querible desde su inocencia sin tapujos.

A partir de un crudo invierno (en donde su salud se resquebrajó), fue cobijado en el corralón Municipal por el responsable del lugar, Luis Tapia, quién junto a Manuel "Bocha" Olazabal, y otros empleados terminaron disponiendo de un espacio ( en las antiguas barracas del Ferrocarril), sitio en donde podía dormir, mantenerse limpio, y alimentarse, recibiendo abrigo material y afectivo. Cabe mencionar que “Felcho” nunca fue echado de su casa sino que él decidió irse, acaso buscando su propio camino. Según cuentan sus familiares él siempre volvía a visitarlos, (y lo sigue haciendo), pero solo por un rato o unas horas, porque según dice “se aburre”.
Por decisión propia comenzó a concurrir durante los fines de semana al “Hogar Hebras de Plata”, ubicado en la calle Domecq García, y cuando el Corralón Municipal se mudó al Parque Industrial Liviano, eligió instalarse definitivamente en ese hogar, que siempre lo recibió con los brazos abiertos. Llegó un día con su bolso y dijo: “Acá me quedo” …1534991198255
Una vez más decidió, con la libertad que siempre le robó a la vida, sorteando las limitaciones que el destino le quiso imponer desde pequeño. 
“Aquí me quedo” también dijo, cuando sin pedirle permiso a nadie, se quedó en el corazón de quienes lo conocemos.
Hoy, sentado a la vereda de su hogar o en un banco de la plaza vé pasar la vida con los mismos ojos del niño que nunca dejó de ser. A veces bailando y escuchando música que emana de un parlante en la vereda…

  a veces solo…

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Quizás sin saberlo, Felcho nos haya dejado una enseñanza que va más allá del estudiar y del saber: SER LIBRE Y DISFRUTAR DE LA VIDA NO SIEMPRE DEPENDE DEL CONTEXTO EN QUE NOS TOCÓ VIVIR.


Nota: Los datos que aquí se transcriben fueron proporcionados por Cristina Fernandez (hermana) y por Silvina Vallejos (sobrina de Felcho) quienes amablemente, (y con el único objeto de aclarar las versiones contrapuestas), me atendieron en su hogar."

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